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Salud mental de la mujer: señales de alerta que no deberías ignorar

Tu mente habla constantemente. A veces susurra; otras, grita. Aprender a escucharla a tiempo puede cambiar tu vida. Te contamos qué señales merecen toda tu atención. La salud mental femenina sigue siendo uno de los temas más silenciados en consultorios, conversaciones familiares y redes sociales. Muchas mujeres aprenden desde niñas a aguantar, a sonreír, a seguir adelante aunque por dentro algo no esté bien. Pero ignorar las señales de alerta psicológica no las hace desaparecer: las hace más profundas. Este artículo es una guía práctica para que puedas reconocer a tiempo cuando tu bienestar emocional necesita atención, y sepas con confianza cuándo buscar ayuda profesional. «Una de cada cinco mujeres experimenta algún problema de salud mental en el transcurso de su vida. Reconocer las señales es el primer paso para sanar.» ¿Por qué la salud mental femenina es diferente? Las mujeres enfrentan factores de riesgo específicos: cambios hormonales cíclicos (menstruación, embarazo, menopausia), mayor carga de cuidado emocional, desigualdades de género en el trabajo y en el hogar, y una mayor presión social para mantener apariencias de «tenerlo todo bajo control». Esto no significa que las mujeres sean más frágiles —todo lo contrario— sino que el contexto en el que viven las expone a ciertos estresores de forma diferenciada. Entender esto es clave para no minimizar lo que sientes. Señales de alerta que no deberías ignorar Las señales de alerta en salud mental pocas veces se presentan como una crisis dramática. Generalmente llegan de forma gradual, disfrazadas de cansancio, irritabilidad o simple «mal humor». Aquí las más importantes: Tristeza persistente Sentirte vacía o sin motivación durante más de dos semanas, sin una causa clara. Ansiedad constante Preocupaciones que no puedes controlar, tensión muscular, dificultad para respirar o palpitaciones frecuentes. Alteraciones del sueño Insomnio crónico o dormir demasiado como forma de escapar. Despertarte agotada a pesar de haber dormido. Cambios en el apetito Dejar de comer o comer en exceso como respuesta emocional, sin relación con el hambre real. Aislamiento social Cancelar planes, alejarte de amigos y familia, preferir la soledad como estado permanente. Irritabilidad inusual Reacciones desproporcionadas, explosiones emocionales o sensación de estar «al límite» todo el tiempo. Baja autoestima severa Pensamiento autocrítico constante, sensación de no valer nada o de ser una carga para los demás. Dificultad para concentrarte Niebla mental, olvidos frecuentes, incapacidad para tomar decisiones simples o mantener el hilo de conversaciones. Condiciones específicas que afectan más a las mujeres Depresión postparto Va mucho más allá del «baby blues». Si después del parto sientes tristeza profunda, desconexión con tu bebé, llanto sin razón o pensamientos oscuros, no estás siendo una mala madre: estás experimentando una condición médica tratable. Trastorno disfórico premenstrual (TDPM) Una versión severa del síndrome premenstrual que puede incluir depresión, ansiedad extrema e irritabilidad intensa en los días previos a la menstruación. Si el ciclo te «tumba» emocionalmente cada mes, es importante consultarlo con un profesional. Burnout o agotamiento por sobrecarga Las mujeres tienen más riesgo de burnout debido a la «doble jornada»: trabajo remunerado más carga del hogar y cuidados familiares. Síntomas: agotamiento extremo, cinismo, sensación de ineficacia y desconexión emocional del trabajo o la vida personal. Ansiedad generalizada y ataques de pánico Las mujeres duplican en estadísticas de ansiedad a los hombres. Un ataque de pánico puede confundirse con síntomas cardíacos; no lo normalices ni lo minimices. ¿Cuándo es el momento de buscar ayuda profesional? No esperes a «tocar fondo». Busca apoyo cuando: Pequeños hábitos que protegen tu salud mental Aunque no reemplazan la atención profesional cuando se necesita, estos hábitos forman un escudo protector cotidiano: Movimiento diario: Incluso 20 minutos de caminata reducen significativamente los niveles de cortisol. No necesitas un gimnasio ni una rutina perfecta. Límites relacionales: Aprender a decir que no es un acto de salud mental, no de egoísmo. Las relaciones que drenan tu energía constantemente son un factor de riesgo real. Rutinas de sueño: El sueño es el pilar invisible de la salud emocional. Priorizar dormir bien no es un lujo: es una necesidad biológica. Conexión social real: Las conversaciones profundas, la risa compartida y sentirte vista por alguien tienen un efecto protector comprobado sobre la salud mental. Momentos de silencio: En un mundo hiperstimulado, el descanso mental activo —meditar, leer, caminar sin teléfono— es una forma de higiene emocional. «Pedir ayuda no es una señal de debilidad. Es la decisión más valiente que puedes tomar por ti misma.» Tu bienestar no puede esperar Durante demasiado tiempo, la cultura nos ha enseñado a las mujeres a aguantar, a minimizar, a seguir. Pero tu salud mental importa tanto como tu salud física. Las señales que tu mente envía no son debilidades: son mensajes que merecen atención, respeto y cuidado. Si te has reconocido en alguna de las señales de este artículo, da el primer paso hoy: habla con alguien de confianza, busca un profesional de salud mental o simplemente date permiso de reconocer que necesitas apoyo. Eso ya es un acto de amor propio enorme. ¿Te resonó este artículo? Compártelo con una mujer que necesite leerlo. A veces, una lectura llega en el momento exacto. Compartir este artículo Bienestar & Mujer Blog SEO · Semana 2 · Salud Mental FemeninaEste contenido es informativo y no reemplaza la consulta con un profesional de salud mental.

¿Necesitas vacaciones de las vacaciones? Cómo regresar al trabajo con energía renovada y saludable
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¿Necesitas vacaciones de las vacaciones? Cómo regresar al trabajo con energía renovada y saludable

¿Cuántas veces has regresado de las vacaciones anhelando un poco más dedescanso? Retomar la jornada laboral después de un periodo de descompresión emocional y cognitivo, supone un reto para la rutina y el rendimiento. Durante las vacaciones, con el cambio en los horarios del sueño, las actividades sociales y los viajes, nuestro cerebro tiende a deshabituarse, requiriendo un esfuerzo de readaptación importante que implica un ajuste de lo que pensamos, sentimos y hacemos. Nuestra capacidad de aceptación, gestión del estrés y flexibilidad cognitiva ante la búsqueda de estabilidad en la realidadlaboral que nos espera, se vuelven herramientas claves para el retorno alespacio en el que pasamos la mayor parte de nuestro tiempo en vigía. Esto, sumado a la acumulación de pendientes propios del trabajo que parecen esperarnos ansiosos por ser gestionados, genera una sensación de agobio que bloquea nuestra capacidad de planificación. Para mitigar esto, es fundamental abordar la gestión del tiempo no como una imposición, sino como una estructura que nos brinda seguridad. Priorizar las tareas de manera jerárquica y permitirnos una transición gradual en la adquisición de hábitos permite que el sistema ejecutivo del cerebro retome su eficiencia sin disparar los niveles de cortisol (hormona del estrés). Para que este proceso de readaptación no se convierta en una carga pesada, podemos apoyarnos en la tecnología que ya usamos a diario, no solamente para facilitarnos el regreso al trabajo, sino para adquirir hábitos que nos ayuden a ser más eficientes y eficaces en nuestras tareas diarias. Herramientas sencillas como los calendarios digitales o aplicaciones de gestión de tareas como Google Task, se vuelven recursos valiosos para poder organizarnos mejor y reducir la ansiedad, aumentando la sensación de logro y nuestra capacidad de ejecución al concluir tareas específicas; Para crear un nuevo hábito no necesitamos perfección, sino repetición, ojalá en un espacioamigable. No te castigues si un día pierdes el ritmo; lo que realmente importa es retomar la acción. Parecido ocurre con la cantidad de tareas que proponemos, como lo menciona la Teoría del Progreso (Amabile & Kramer), el factor más importante para la motivación laboral es la sensación de estar avanzando, no el tamaño del logro. Dividir una tarea grande en 5 pequeñas, te da 5 «golpes» de motivación en lugar de uno solo al final de la semana, generando mayor sensación desatisfacción al final del trabajo. Nos preocupamos más de lo que nos ocupamos, y eso dificulta mucho cumplir con los pendientes, al trasladar nuestras preocupaciones a una lista y dividirlas en micro tareas, desactivamos el ruido mental de los pendientes y activamos nuestro sistema de recompensa. La Universidad de Harvard (Killingsworth & Gilbert) nos lo mostró, en un estudio que en promedio, el 47% de nuestro tiempo despiertos lo pasamos pensando en algo distinto a lo que estamos haciendo, es decir, pasamos casi la mitad de la jornada en “preocupaciones circulares” que no resuelven nada. Al organizar las tareas y escribirlas, buscamos evitar lo que se conoce como el efecto Zeigarnik, que dice que nuestra mente tiene una tendencia intrínseca a recordar las tareas interrumpidas o no finalizadas mucho más que las completadas, generando mucho “ruido mental” y ansiedad por los pendientes. Al «vaciar» la mente y escribir las tareas, el cerebro entiende que la información está organizada y el pensamiento estructurado, permitiéndole dejar de gastar energía en recordatorios cognitivos y rumiaciones que generan malestar. Además de organizar las tareas, es vital integrar «anclajes de bienestar» en nuestro flujo de trabajo. Aquí es donde las herramientas de autocuidado digitalmarcan la diferencia. Por ejemplo, utilizar aplicaciones que te guíen en la técnica Pomodoro (trabajar por bloques con descansos breves) o que te lancen recordatorios para realizar micro ejercicios de respiración, ayuda a que tu sistema nervioso se mantenga regulado – las pausas activas son una realidad que es importante comenzar a implementar – Estos pequeños respiros evitan que el estrés se acumule y te permiten recuperar el ritmo de manera orgánica, demostrando que ser productivo no tiene por qué significar descuidar tu salud mental mientras te adaptas de nuevo a la rutina. En conclusión, el éxito de este regreso radica en las herramientas que elijamos para acompañarnos en el camino; contar con recursos diseñados por expertos puede transformar tu motivación y energía, y canalizarla para que tu regreso al trabajo no sea una carga, sino un paso para cumplir metas que te lleven a la autorrealización. No puedo terminar este escrito sin dar una recomendación de herramienta digital que considero útil y abundante en recursos: App de Saluta, donde encontrarás herramientas prácticas para la gestión del tiempo, manejo de emociones y acciones de autocuidado personalizadas. Al integrar estos recursos en tu día a día, descubrirás que volver de vacaciones puede ser la oportunidad perfecta para ganar motivación y comenzar tus proyectos con una energía renovada y saludable. ¡Estamos listos para acompañarte en este nuevo comienzo!Gracias por confiar en nosotros, Saluta te cuida. Autor: Daniela Camacho Betancourt, psicóloga líder de Saluta APP. Biografía:

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Más allá de los Propósitos de Año Nuevo

En los últimos años, hemos sido testigos de cómo la tecnología acorta distancias, pero también de cómo la velocidad del entorno digital erosiona nuestra estabilidad. A menudo olvidamos que el cerebro, a pesar de su asombrosa capacidad de procesamiento, es un órgano biológico con límites claros. No es una máquina de rendimiento infinito. En un mundo que premia la inmediatez, la salud mental ha dejado de ser algo que «simplemente sucede» para convertirse en algo que debemos cultivar con intención. Este año, más que resoluciones heroicas que se desvanecen en febrero, necesitamos una estrategia de mantenimiento preventivo. Aquí propongo tres pilares para integrar hábitos que devuelvan el equilibrio al sistema nervioso y claridad a la mente. 1. La «micro-dosificación» de hábitos: Plasticidad sobre voluntad La neurociencia nos enseña que el cerebro no se transforma con grandes gestos aislados, sino con la repetición constante de pequeñas acciones. 2. El movimiento como medicina, no como castigo Es común ver el ejercicio como una meta estética, pero su impacto más potente es neuroquímico. El movimiento no solo libera endorfinas, sino que es la vía principal para metabolizar el exceso de adrenalina y cortisol acumulados por el estrés cotidiano. No es necesario un entrenamiento extenuante para notar beneficios. Una caminata de 15 minutos al aire libre combina luz natural y movimiento rítmico, dos de los reguladores biológicos más poderosos que tenemos a nuestra disposición. 3. Autocompasión frente a la tiranía de la productividad Existe una presión invisible por “estar bien” y ser productivos en todo momento. Sin embargo, la salud mental también consiste en validar los días de baja energía sin juzgarlos. El bienestar real surge cuando somos capaces de cambiar la pregunta: en lugar de cuestionarnos “¿por qué no puedo con esto?”, debemos aprender a preguntarnos “¿qué necesito hoy?”. A veces, la rutina de salud mental más efectiva y radical es, simplemente, permitirnos descansar. Cuidar la mente no es un acto de indulgencia; es la base que sostiene nuestra capacidad de decidir, crear y conectar. Que este año el autocuidado no sea un pendiente más en la lista, sino el hábito que sostiene toda la agenda.

Salud del cuidador ¿Cómo cuidamos al que nos cuida?

Psic. Daniela Camacho Betancourt – Dr.Mauricio Bonilla Sanchez Nuestra sociedad envejece a un ritmo acelerado, la OMS estima que para el  2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más; estamos experimentando con el envejecimiento de la población una de las transformaciones sociales más “significativas del siglo XXI”, este fenómeno conlleva a la transformación de otros sectores, desde las estructuras familiares hasta las formas de protección social y de cuidado que como sociedad tenemos, incluido los mecanismos de cuidado de quienes envejecen, cuya demanda de atención aumenta con la pérdida de autonomía, las enfermedades crónicas, la fragilidad física e incluso con el aislamiento social. Todos estos cambios estructurales, ponen en el centro la actividad de cuidar y a quienes lo realizan, los cuidadores.   Cuando hablamos de cuidar a una persona mayor, nos referimos a un conjunto de acciones y atenciones que se brindan con el objetivo de mantener o mejorar su calidad de vida. Estas acciones pueden ser tanto físicas como emocionales, se entiende, entonces, que el cuidador es quien asume la mayor o total responsabilidad de los cuidados de otra persona en condición de dependencia, así cubrir sus necesidades básicas y lograr precisamente ese bienestar, esto implica un importante desgaste en términos físicos y psicológicos, ¿cómo cuidar de alguien sin descuidarse a sí mismo/a?    Según un estudio realizado en España, la prevalencia de depresión y ansiedad en cuidadores de pacientes dependientes es significativamente mayor que en la población general: de un total de 294 cuidadores participantes, 254 (86%) presentaban ansiedad y 191 (65%) presentaban depresión (Domínguez, et al.,2012). Al revisar la literatura, el aspecto más común identificado como un factor de riesgo, es que la mayoría de personas que asumen el rol de cuidador, son informales, por lo que muchos no están capacitados para esta labor o no cuentan con las herramientas necesarias para poder llevarla a cabo sin poner en riesgo su propio bienestar, esto sumando al hecho de que la mayoría lo hacen debido al compromiso existente con la persona que cuidan o por el vínculo que pueda haber, generando una carga emocional adicional a esta importante labor de hacer que el otro esté bien. De esta manera otra pregunta importante sería ¿cómo una persona que no está bien puede hacer que otra esté bien?    Como sociedad vivimos altos niveles de ansiedad,  los estilos de vida y el frenetismo con el que muchas personas hoy en día viven, han llevado a entender la ansiedad, desde una conceptualización multidimensional, como un estado emocional complejo, difuso y aversivo, caracterizado por un pensamiento irracional que genera intranquilidad, tensión, hipervigilancia y preocupación. Es el trastorno de ansiedad una de las enfermedades más comunes, que afecta el desempeño en todas las áreas de una persona: la laboral o académica, la personal y la social (González y Bolaños, 2023). Por otro lado, la depresión que está ad portas de convertirse en la principal causa de discapacidad en el mundo, en los cuidadores tiene consecuencias devastadoras tanto para ellos como para las personas a su cargo. Además de afectar su bienestar emocional, la depresión puede llevar a una disminución de la calidad de los cuidados y por tanto, poniendo en riesgo la propia actividad de cuidadar. A largo plazo, la depresión en los cuidadores puede generar un importante costo social y económico, al requerir mayores gastos en atención médica y reducir la productividad.    De acuerdo a esto ¿qué se puede hacer precisamente para cuidar al que cuida? ¿Qué podemos hacer para que en ese proceso de cuidarnos a nosotros mismo, no descuidemos al otro?    Lo más importante es entender que el que cuida también necesita que se le cuide, ya que cuando el cuidador se encuentra bajo niveles muy altos de estrés que pueden afectar su salud, está más propenso a cometer errores en el cuidado del otro, es decir, para ponerlo en términos más gráficos, si un cuidador atiende a una persona con diabetes y debe aplicarle una dosis de insulina, debe ser muy exacto y precavido al hacerlo, de lo contrario las consecuencias pueden generar un malestar en la persona e incluso tener afectaciones de salud significativas; si el cuidador, por alguna razón presenta algún síntoma de malestar físico o mental, que no esté gestionando de manera adecuada como sucede en el famoso síndrome del cuidador quemado, caracterizado por un cansancio constante, desinterés en las actividades que realiza, ademá de otras afecciones como las que aparecen con la ansiedad o depresión, puede llevarlo a cometer errores garrafales.    En este caso, para evitar situaciones que pueden llegar a ser irremediables, lo mejor que se puede hacer es realizar acciones de prevención que permitan disminuir el riesgo en el cuidado de la persona que depende de sus cuidados. Para ello, trabajar en desarrollar herramientas que capaciten al cuidador, que le brinden espacios de comunicación y expresión, además de brindarle material e información que les permita trabajar en la creación de hábitos saludables, manejo de emociones y gestión del estrés.   Por supuesto la salud digital es una estrategia, el fácil acceso a la información nos ha permitido adquirir herramientas para conocer más a fondo acciones que promueven los hábitos saludables como la alimentación saludable, actividades como realizar al menos 30 minutos de ejercicio diario ayudan a liberar neurotransmisores como la dopamina o serotonina, las cuales generan placer llevando a tener más equilibrio emocional y mental. Prácticas como el mindfulness, la meditación y el yoga pueden ser también aspectos que han demostrado en los últimos años cómo pueden impactar en la salud de las personas y ayudarnos a tener una vida más calmada y serena.   Distintas soluciones como aplicaciones o plataformas de bienestar están hoy disponibles, fáciles de aplicar, de usar e incorporar en las rutinas diarias, sin embargo, la gran tarea es la gestión de la brecha digital, como acercar las tecnologías es siempre la pregunta a responder, vamos avanzando en acercar su uso, en universalizar el acceso a la tecnología.

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Empatía: en el lugar del otro

Si bien la pandemia fue un impulsor de cambios para mostrar más interés por la humanidad, aún falta mucho para lograr una EMPATÍA auténtica, en donde se reconozcan los sentimientos, pensamientos, comportamientos y en general las necesidades de los demás; de hecho, es un término que se ha estudiado a través de la historia, en donde diferentes autores plasman su postura acerca de este término desde lo neuropsicológico, diferencial y social. Sin embargo; nos vamos a centrar en la visión integradora de Davis (1980), quien afirma que en la empatía se establecen diferentes componentes relacionados entre sí, como la dimensión cognitiva que implica imaginar que piensa el otro y la dimensión afectiva que involucra especialmente a las emociones. En este sentido, se trata de considerar a la otra persona como un ser importante, con sus cualidades, defectos, limitaciones e intereses; significa, no solo sentir el dolor del otro si no, participar de su vida de una manera significativa y así construir relaciones más fuertes y legítimas.   DATO CURIOSO En el ámbito clínico se pueden observar algunas características principales de Apatía, como por ejemplo en las personas que padecen de Asperger, en donde se caracteriza la incapacidad para interactuar con los demás; en los trastornos de personalidad específicamente en el trastorno de personalidad esquizoide, en donde se suele encontrar el aislamiento social y la empatía deficiente. Ademas, en la esquizofrenia relacionada con las alteraciones de las funciones ejecutivas y en las habilidades sociales. De este modo, la evaluación oportuna juega un papel fundamental para lograr identificar los signos y síntomas de un posible trastorno mental y así conseguir la mejora del sujeto a través de un adecuado proceso terapéutico.   PERO ¿DE DÓNDE VIENE LA EMPATIA? Se suele pensar que la empatía viene desde el nacimiento, no obstante, ésta se desarrolla desde la infancia y en la manera en cómo fuimos criados, es decir; esta habilidad se puede aprender a través de un buen entrenamiento de vida. ¿Y TIENE VENTAJAS SER EMPATICOS? Por supuesto, al ser empático con los demás, serás capaz de: Tener un círculo social más amplio y duradero. Podrás ser más contundente, así los demás confiaran en ti. Te podrás comunicar mejor con los demás, hablaran de muchas cosas en común. Te convertirás en el líder al comprender los deseos y necesidades de otros. Serás el impulsor de mejorar el entorno en el que te encuentras.   Como te puedes dar cuenta son múltiples los beneficios que obtendrás al vincular la anterior información a tu vida y así actuar de manera eficaz ante la sociedad.   ¿CÓMO MEJORAMOS NUESTRA EMPATIA? A continuación, te dejamos algunas características la potenciaran: Elimina los prejuicios y estereotipos que implanta la sociedad. Reconoce y entiende tus emociones para comprender las de los demás. Muestra interés por los acontecimientos del otro, cultiva tu curiosidad. Reconoce las habilidades y cualidades de los demás. Aprende a escuchar, es importante la opinión de los demás. Sin embargo, aún falta mucho para concientizar a las personas sobre la importancia de tener una alta sensibilidad y bondad, con el fin de alcanzar objetivos comunes. Por eso desde Saluta, te invitamos a desarrollar tu empatía y con la mayor destreza comprender los sentimientos, circunstancias y necesidades de las demás personas.   “Ser empático es ver al mundo a través de los ojos del otro y no ver nuestro mundo reflejado en sus ojos” Rogers   Psicóloga Angélica Varón – Saluta Centro de Salud Digital Especialista en psicología clínica y desarrollo infantil. Referencias: Fernández, I., López, B., & Márquez, M.  (2008). Empatía: Medidas, teorías y aplicaciones en revisión. Anales de Psicología, 24(2), 284-298. Rivero, M. (2019). Empatía, el arte de entender a los demás Universidad Mayor de San Simón – DICYT

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Gestionando las preocupaciones

La preocupación surge desde una cadena de pensamientos, actividad lingüística verbal e imágenes que tienden a estar cargadas de emociones displacenteras que no parecieran ser controlables. Desde este ámbito, la preocupación es utilizada como un intento de solución a problemas de los que no hay certeza, de los que desconocemos cuáles podrían ser las consecuencias y normalmente se asocia con la emoción del miedo, siendo un medio para evitar experiencias amenazantes para nuestro bienestar. Por su parte, un concepto adicional es la rumiación, que se caracteriza por la repetición constante de pensamientos disfuncionales, siendo un patrón no sólo de pensamiento, sino de conductas que ponen como centro la atención hacia uno mismo, donde observamos el malestar percibido en conjunto con las causas que éste posee, siendo una barrera para enfocarse en la solución del malestar que se está experimentando. A su vez, hay dos formas de pensamiento rumiativo, las cuales son:         Brooding: pensamientos asociados a la tristeza que no promueven una búsqueda activa para dar solución a un problema.         Reflection: énfasis en el ámbito reflexivo del pensamiento, promoviendo conductas de afrontamiento frente a problemas. Tanto en la preocupación como la rumiación, son factores de vulnerabilidad cognitiva para trastornos de ansiedad y trastornos depresivos. El factor principal que puede disuadir el malestar provocado por la preocupación y la rumiación es hacerse cargo del problema o los problemas que puedan estar presentes. Evitar afrontar lo que nos preocupa puede provocar síntomas de ansiedad y/o tensión, lo que es nocivo para nuestra calidad de vida. ¿Qué preocupaciones son las que vale tener en cuenta? En primera instancia, las preocupaciones son relevantes en la medida que estas puedan ser resueltas. Esto tiene que ver con las consecuencias que puede tener el hacerse cargo o no de una preocupación, en este sentido, vale la pena plantearse preguntas como: ¿Esto que me preocupa será un problema dentro de una semana, un mes o un año? ¿Qué pasará con esta situación en cinco años más? Desde el punto de vista de una preocupación que se basa en evitar problemas, puede que un problema sea muy abrumador si no tenemos en cuenta la valoración de las consecuencias que tiene para nuestro bienestar, más bien, ¿vale la pena no hacerse cargo y prolongar algo que se puede solucionar? Por otro lado, si se trata de un problema que no supone riesgos ni consecuencias futuras, ¿merece la pena preocuparse por ello? ¿Qué es lo que puedes hacer para cambiar la situación? ¿Puedes hacerte cargo de ese problema en ese momento? Estas últimas preguntas tienen por objetivo dar cuenta de las acciones que se pueden realizar en un contexto específico, por ende, si hay algo que puedas hacer para solucionar lo que te preocupa, puedes actuar en el instante que lo amerita o bien planificarlo si no es posible afrontar el problema en el momento actual. ¿Qué estrategias debo tener en cuenta antes de tomar una decisión frente a lo que me preocupa? Existen estrategias de afrontamiento que pueden ser eficaces para la toma de decisiones, entre estas podemos encontrar:   Expresión dirigida: Es positivo permitir que la preocupación siga estando presente en un tiempo determinado, es una forma de validar nuestro sentir. Distracción: Realizar actividades que nos distraigan o reemplazar la preocupación por pensamientos funcionales. Revaloración de la amenaza: Podemos evaluar nuevamente la amenaza percibida respecto a la preocupación. Relajación: Cualquier actividad relacionada con la meditación o en su defecto, de relajación. Tal como se mencionó con anterioridad, la preocupación puede ser funcional si se utiliza para movilizar nuestros recursos personales y orientarlos a una solución, es por esto por lo que estrategias como la expresión dirigida son útiles para el manejo de la preocupación, puesto que se genera mayor tolerancia a los riesgos estimados desde la amenaza. Asimismo, la estrategia de revaloración es positiva al notar que se puede centrar en problemas más realistas e inmediatos, teniendo un mayor foco en la resolución de problemas. En tanto, la distracción y la relajación son relevantes al disminuir los niveles de ansiedad o angustia. Por su contraparte, las estrategias que son ineficaces para el manejo de las preocupaciones son:   Supresión dirigida: Es cuando nos decimos a nosotros mismos que no hay qué preocuparse. Auto-confirmación: Pensar que todo estará bien. Búsqueda de reconfirmación ajena: En esta estrategia es común consultar con amistades o familia si todo podrá salir bien. Comprobación: Se utilizan actos repetitivos que tienen la finalidad de aliviar las dudas. Castigo: Criticarse a sí mismo por estar preocupado. Supresión de la emoción: Es el intento de suprimir emociones como la angustia y la ansiedad que está relacionada con la preocupación. Estas estrategias son negativas principalmente porque se enfocan en evadir el problema o bien invalidar las emociones que se están experimentando al momento de sentir preocupación. Ahora, ¿cómo puedo dar el primer paso? Mantener distancia de tus preocupaciones es lo opuesto a dar el primer paso, por ende, es mucho más factible comenzar definiendo qué es lo que provoca esa preocupación (pueden ser muchas o pueden ser pocas) para luego comenzar a definir objetivos que estén asociados a esos problemas. Es importante que, a la hora de definir los objetivos, mantengas una expectativa realista sobre lo que puedes y lo que no puedes hacer y si eso es algo de lo que podrías hacerte cargo en ese instante. De no poder hacerlo, siempre puedes plantearte un objetivo para poder lograrlo. Por último, siempre es mejor tener varias soluciones a tu alcance que una sola, eso aumenta las posibilidades de dar fin a la preocupación. Si te sientes identificado con alguna de las estrategias ineficaces y sueles evitar los problemas, ¡te invitamos a revisar el módulo en nuestra app! Descárgala AQUÍ Autor(a): Psicóloga Nicole Caroline Moreno Vilches – Saluta Centro de Salud Digital Referencias Beck, A. T. (2013). Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad. Desclee de brouwer. García, J. y Nogueras, V. (2013). Guía de Autoayuda para la Depresión y los

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Gestión Emocional: Una herramienta contra todo

En una sociedad en la que a menudo se viven cambios constantes, es necesario que el individuo logre encontrar un punto de equilibrio en sus emociones.  Sin embargo, esta tarea se forja difícil cuando no tenemos los recursos necesarios para poder responder adecuadamente a los sucesos de la vida diaria; por esta razón, comenzaremos por comprender el núcleo de las emociones y percibir en qué momento el cuerpo y la mente se unen para provocar una respuesta apropiada contra todo. PERO ¿QUÉ SON LAS EMOCIONES? Son componentes fundamentales en nuestra vida que de alguna manera determinan nuestros estados físicos y psicológicos y que nos inducen a conductas que muchas veces nos lanzan a estilos de vida disfuncionales. Estas se caracterizan por tres componentes importantes: Primero, las emociones tienen sentimientos o afectos subjetivos, es decir, lo que la gente experimenta cuando se siente irritado, ansioso u orgulloso. Segundo, están acompañadas por cambios corporales, asociados con la respiración, el ritmo cardíaco, la tensión muscular y las expresiones faciales. Tercero, las respuestas comportamentales que incluyen acciones tales como la agresión, la evitación, la curiosidad o la adopción de una determinada postura corporal. Como vemos las acciones actúan principalmente en estos tres niveles, aunque pueden ser diferentes según las culturas, los contextos y los individuos. Por esta razón, hace algún tiempo clasificaban las emociones como Buenas o Malas, sin embargo; este calificativo se fue eliminando a través de la historia al determinar que la función de cada una de ellas es la Adaptación de cualquier organismo vivo, para la supervivencia. AHORA CONOZCAMOS CUALES SON LAS EMOCIONES BÁSICAS Y LA FUNCIÓN DE CADA UNA DE ELLAS. Miedo: ???? Anticipación de una amenaza o peligro (real o imaginario) que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad. ???? El miedo es necesario ya que nos sirve para apartarnos de un peligro y actuar con precaución.  Sorpresa: ???? Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria y nos permite una aproximación cognitiva para saber qué está ocurriendo. ???? Nos ayuda a orientarnos, a saber, qué hacer, ante una situación nueva. Ira:  ???? Rabia, enojo que aparece cuando las cosas no salen como queremos o nos sentimos amenazados por algo o alguien. ???? Es adaptativo cuando impulsa a hacer algo para resolver un problema o cambiar una situación difícil. Puede conllevar riesgos de inadaptación cuando se expresa de manera inadecuada. Alegría:  ???? Sensación de bienestar y de seguridad que sentimos cuando conseguimos algún deseo o vemos cumplida alguna ilusión. ???? Nos induce hacia la reproducción (deseamos reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien). Tristeza: ???? Pena, soledad, pesimismo ante la pérdida de algo importante o cuando nos han decepcionado. ???? La función de la tristeza es la de pedir ayuda. Nos motiva hacia una nueva reintegración personal.   Si bien nuestras manifestaciones emocionales, pueden ser un factor importante para tener buenas o malas relaciones personales, por tal motivo debemos estar dispuestos a conocer, manejar y responder adecuadamente a ellas, para transitar de mejor manera ante los sucesos de la vida.   ¿Y CÓMO GESTIONAMOS NUESTRAS EMOCIONES? Para ello, debemos saber que la gestión emocional se define como todos “los procesos externos e internos responsables de monitorizar, evaluar y modificar nuestras reacciones emocionales para cumplir nuestras metas”. Es decir, son un conjunto de prácticas que nos garantizan una respuesta comportamental y no disruptiva para cada momento de nuestras vidas. Tener el control de las emociones es verdaderamente difícil, puesto que se necesitan de habilidades necesarias modular, identificar y etiquetar las emociones en situaciones que podrían ser importantes. Por lo regular, implica el siguiente proceso. El suceso que ha desencadenado la emoción. La interpretación de la situación desencadenante de la emoción. La historia previa al evento desencadenante que aumenta la sensibilidad al evento y la vulnerabilidad a responder emocionalmente. La experiencia subjetiva, incluyendo la sensación física provocada por la emoción. Las conductas que expresan la emoción. Efectos secundarios de la propia emoción en otras áreas de funcionamiento de la persona. Para poner en práctica todo lo anterior es necesario realizar un entrenamiento óptimo que integre varios componentes terapéuticos en donde, podemos desarrollar estrategias eficaces para abrirnos interiormente a las experiencias emocionales con total aceptación y siendo capaces de analizar y comprender lo que sentimos. Aquí te dejamos algunos ejemplos que se pueden utilizar de forma práctica y sencilla en cualquier situación de la vida diaria. Mindfulness: En donde el propósito principal es tener la disposición del momento presente, observando experiencias internas y clarificando pensamientos. Te puedes ayudar con elementos digitales de tres a cinco minutos diarios. Técnicas de restructuración cognitiva: La cual implica el adoptar una perspectiva positiva de los pensamientos. Si tienes algún problema, realiza un plan para reflexionar efectivamente ante la situación. Proceso de escritura: Lo cual favorece los procesos de mentalización en las más variadas circunstancias de la vida cotidiana. Se puede realizar a través de un diario personal escribiendo al iniciar o finalizar el día. Monitoreo de actividades y estado de ánimo: Pretende llevar el control de las emociones desbordas y el manejo de los eventos situacionales. Diseña un plan de mejora y compromiso diario. Como nos podemos dar cuenta, la gestión emocional y el comportamiento asertivo nos permite cambiar hábitos de vida, resolver problemas y fortalecer los vínculos afectivos. Así que, si quieres obtener más herramientas, ingresa a nuestra App Saluta en donde podrás obtener más recursos de autoayuda.   Psicóloga Angélica Varón – Saluta Centro de Salud Digital Especialista en psicología clínica y desarrollo infantil.   Referencias: Reyes, M. (2016). Regulación emocional en la parte clínica: una guía para terapeutas. Ed. Manual Moderno. XVI p. 112. México. Lanza, G. (2007). La escritura en psicoterapia: regulación emocional y funcionamiento reflexivo. file:///C:/Users/angli/Downloads/LaEscrituraenPsicoterapiaRegulacinEmocioanlyFuncionamientoReflexivo.pdf. Barreto, A. (2011). Cuentos y relatos para educar la inteligencia emocional. Ed. CCS. Becerril de la Sierra. España

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Toma de Decisiones

El proceso de toma de decisiones consta de componentes que están asociados a la motivación, en este sentido, la teoría de la autodeterminación propone una estructura jerárquica en el proceso motivacional, la cual es global, contextual y situacional. Respecto a lo global, se relaciona con la personalidad, mientras que en el nivel contextual se habla sobre aspectos de la actividad humana, tales como el trabajo, lo académico, el ocio, etc. En este nivel el entorno social posee mayor influencia. Por último, cuando se hace referencia al nivel situacional, se hace énfasis en los espacios de tiempo que son irrepetibles, como una reunión familiar en un año y tiempo determinados. Cada uno de los niveles mencionados interactúan entre sí, incluso, los factores sociales poseen influencia en el proceso motivacional a través de las necesidades psicológicas básicas como la competencia, vinculación y autonomía.  Existen tres tipos de motivación: Intrínseca: este aspecto tiene que ver con la satisfacción que proporciona la realización de actividades que no poseen recompensas externas, es decir, se destaca por el placer de hacerlas. Extrínseca: se refiere a la ejecución de conductas para un determinado fin o propósito. Amotivación: asociada con la sensación de falta de un propósito. Asimismo, lo que expresa la teoría de las necesidades psicológicas básicas respecto a la búsqueda de satisfacción de necesidades como la autonomía, la competencia y la vinculación. En este sentido, la autonomía viene siendo parte de la organización del comportamiento en relación con la libertad, la cual no debe ser confundida con independencia o el individualismo, más bien, la autonomía representa la capacidad para escoger qué acciones se realizarán en determinado contexto. Por otro lado, la competencia implica la asunción de desafíos óptimos que tengan por consecuencia sentimientos de efectividad, teniendo habilidades para poder crear un impacto en su ambiente.  En cuanto a la vinculación, se hace referencia a la vivencia de relaciones sociales sanas. Janis y Mann proponen un modelo que indica que el proceso de toma de decisiones se genera por estrés, el cual es alimentado por dos fuentes. La primera es la preocupación respecto a las pérdidas objetivas, mientras que la segunda hace alusión a la preocupación por pérdidas subjetivas. Ambas preocupaciones generan resistencia en la toma de decisiones, puesto que se pone en duda si realmente vale la pena dejar todo tal y como está. En este caso se pueden considerar alternativas asociadas a correr el riesgo de cambiar el curso de una situación o conflicto, la cual puede verse teñida por la preocupación.  Las estrategias que suelen utilizarse en la resolución del conflicto que genera estrés consisten en utilizar estrategias como la vigilancia, que se caracteriza por el optimismo que se tiene para poder encontrar una solución y la creencia de que hay tiempo suficiente para la búsqueda de información importante que pueda ser evaluada. Otra estrategia es la hipervigilancia, que es cuando un individuo posee la creencia de dar con una solución, aunque a diferencia de la estrategia anterior, se considera que no se dispone del tiempo necesario, provocando que se busque información de manera desordenada, siendo víctima de niveles altos de estrés. Por último, la evitación defensiva es una estrategia que nace del pesimismo respecto a la posibilidad de encontrar una solución, teniendo como consecuencia la evitación, donde se pospone la toma de una decisión. Confiar en las propias capacidades para tomar decisiones anticipa las reacciones que pueda tener un individuo al momento de percibir el éxito o los riesgos de la decisión que tomará. En el caso contrario, cuando no existe autoconfianza, las emociones negativas suelen provocar el arrepentimiento, anticipando la ansiedad al notar que existe un conflicto posterior a la decisión tomada, lo que aumenta la percepción del riesgo de pérdidas subjetivas. Se concibe el proceso de toma de decisiones como una forma de prevenir las consecuencias psicológicas displacenteras. La presencia de emociones negativas provoca la hipervigilancia en la toma de decisiones, de manera que un individuo tiende a cuestionar su capacidad para buscar soluciones eficaces. Esto es algo que puede perturbar la percepción que se tiene sobre alguna tarea o actividad en particular, puesto que tiende a verse como algo demandante y que excede los recursos disponibles para su realización.  Esta propuesta puede ser interesante para quienes tienden a utilizar el autosabotaje al momento de tomar decisiones, dado que esto puede ser determinante en la percepción que se tiene del riesgo y el fracaso. Puedes acceder al módulo de Toma de decisiones en la app de Saluta si deseas saber cómo enfrentar esto.   Autor(a): Psicóloga Nicole Caroline Moreno Vilches – Saluta Centro de Salud Digital   Referencias Luna Bernal, A. C., & Laca Arocena, F. A.  (2014). Patrones de toma de decisiones y autoconfianza en adolescentes bachilleres. Revista de Psicología, 32(1), 39-65. Stover, J. B., Bruno, F. E., Uriel, F. E., & Fernández Liporace, M.  (2017). Teoría de la Autodeterminación: una revisión teórica. Perspectivas en Psicología: Revista de Psicología y Ciencias Afines, 14(2), 105-115.

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Aceptación y Control

El intento de librarse del malestar o librarse de problemáticas que pueden afectarnos en el día a día sólo se transforma en algo traumático, pues el dolor solo se amplifica. Por muy difícil que sea afrontarse a un problema, normalmente es una de las soluciones más eficaces, puesto que afrontar también tiene que ver con aceptar que no tenemos control de todo nuestro entorno. Por cierto, aceptar esta realidad no significa sufrir voluntariamente ni mucho menos tener que soportar el dolor, más bien se trata de “abrazar” el malestar. Esta metáfora consiste en vivir la experiencia desde una posición distinta a la posición que nos victimiza ante las experiencias negativas, por tanto, no se trata de luchar contra tus emociones, sino de enfocar tu atención en la manera de salir y aceptar que el malestar va a permanecer, pero que esto no va a ser un limitante para vivir nuestra vida. Es normal que en primera instancia no sea fácil aceptar esta realidad, es por esta razón que es conveniente hacer una revisión de las distorsiones del pensamiento que podrían estar acechando e interfiriendo en este proceso de aceptación. En este sentido, podemos notar algunos pensamientos e ideas como: “Tengo qué, debería”: este tipo de pensamientos se caracterizan por ser rígidos y tienen como resultado comportamientos que se asocian a sobreestimar lo negativo de una experiencia, resaltando que las expectativas no han sido cumplidas. “Todo o nada”: cuando se consideran este tipo de ideas, suelen verse únicamente dos tipos de alternativas para dar con una solución, en vez de reconocer más posibilidades. Pensamiento catastrófico: se realizan predicciones negativas respecto al futuro. Magnificar o minimizar: cuando se evalúa una experiencia, tiende a ser considerado desde maximizar lo negativo de la situación o minimizar hasta dejar de darle importancia. Visión de túnel: sólo se valoran los aspectos negativos de una experiencia. Las emociones poseen un rol relevante en lo que respecta a la supervivencia, especialmente cuando se trata de emociones “negativas”. Teniendo en cuenta que una emoción surge desde un pensamiento, es inevitable experimentar malestar si hacemos uso de alguna de las distorsiones del pensamiento que fueron mencionadas. Aun así, no es la respuesta emocional lo que provoca evitar el afrontar la realidad, en realidad son los comportamientos disfuncionales asociados a esas emociones, dado que, tal como se mencionó, las emociones poseen una función adaptativa cuando son “negativas”. Cabe destacar que una emoción por sí misma no es negativa, sino que se hace alusión a lo displacenteras que son, a diferencia de las emociones “positivas”, que en realidad promueven la satisfacción. Lo positivo y lo negativo en este caso, se trata de un alcance teórico, no de catalogarlas como algo “bueno” o algo “malo”. Las emociones “negativas” son: Miedo, ira, tristeza, asco y ansiedad Las emociones “positivas” son: Alegría, amor, felicidad La capacidad para percibir estas emociones y poder etiquetarlas implica tener conciencia emocional desde su vocabulario. A partir de esto surgen conceptos como la empatía, que consiste en comprender las emociones de las demás personas e involucrarse con las vivencias emocionales de forma respetuosa a través de la comunicación verbal y no verbal. El control en sí mismo puede resultar controversial cuando se trata de regular las emociones propias, puesto que puede ser confundido con “mantener controladas” las emociones negativas sin tener en cuenta que forman parte de nuestra supervivencia. Cuando mencionamos esto nos referimos a la capacidad para manejar las emociones apropiadamente, desde una gestión que supone dar cuenta de la interacción entre la cognición, la emoción y el comportamiento. Desde esta interacción es que es posible generar buenas estrategias de afrontamiento y la capacidad para aprender a generar emociones positivas que nos provocan satisfacción. La regulación emocional se refiere a la comprensión de las consecuencias que posee nuestra expresión emocional ante determinadas situaciones e identificar el comportamiento que poseen otras personas en esta temática. Regular nuestros propios sentimientos y emociones es aceptar que algunas emociones como la ira no son fructíferas en la comunicación, también es prevenir estados emocionales “negativos” que puedan provocarnos estrés, ansiedad o depresión. Para aprender a regular las emociones propias hay que tener en cuenta los valores con los que nos sentimos identificados. Estos suelen basarse en emociones como la esperanza, el amor, la empatía o la compasión, siendo cualidades intencionales que se asocian a un curso de experiencias a lo largo de un camino que es significativo. No se pueden poseer porque forman parte de las cualidades respecto a las acciones que se realizan, siendo una dirección y no un objeto, en este sentido, los valores tampoco son metas que se puedan cumplir, dado que las metas son concretas y alcanzables, mientras que los valores son direcciones por seguir que no suponen un resultado concreto del cuál siempre se puede ir mejorando. Los valores representan el camino que se desea seguir y que guía de manera adecuada la toma de decisiones, teniendo una connotación importante para definir qué es lo que un individuo quiere o desea para su vida. Autor(a): Psicóloga Nicole Caroline Moreno Vilches – Saluta Centro de Salud Digital   Referencias Beck, J. (2015). Terapia cognitiva: Conceptos básicos y profundización (Vol. 141626). Editorial Gedisa. Bisquerra, R. (2016). 10 ideas clave: Educación emocional. Editorial GRAÓ. Hayes, S. C. (2013). Sal de tu mente, entra en tu vida. Desclée de Brouwer.

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Autoconocimiento

La introspección al ser un mecanismo de percepción interna provee de conocimiento respecto a los estados mentales propios, siendo automática. La consciencia del estado mental está basada en la autoridad para reconocer lo que sucede a nivel interno, destacando la sinceridad como elemento principal para reconocer la existencia del autoconocimiento. Poder utilizar esta herramienta a favor implica dar el reconocimiento de las emociones y percepciones internas al momento de describir nuestros procesos internos.  De este modo podemos decir que el autoconocimiento consiste en tener la capacidad para poder centrar la atención en nosotros mismos y, por consiguiente, ser conscientes de nuestra identidad, compuesta por pensamientos, emociones y conductas, lo que incluye el reconocimiento de nuestras capacidades, fortalezas y debilidades. El autoconocimiento es algo que nos ayuda a alcanzar metas personales, dado que a raíz de esto es que podemos modificar conductas desadaptativas al saber de la existencia de patrones disfuncionales que nos llevan a experimentar malestar general. Establecer metas adaptadas a nuestros valores representa el sentido de agencia, que es el que nos otorga la capacidad para orientar el conocimiento en función de lo que queremos lograr. De no conocer las aspiraciones personales, las emociones, las necesidades y las motivaciones implica que nuestro comportamiento esté dirigido por la base de los prejuicios, deseos impulsivos y respuestas automáticas para la supervivencia, tal y como si se estuviera viviendo en piloto automático. Entender que nuestro mundo interno está compuesto por emociones que han influido en la experiencia, el comportamiento y la expresión de dichas emociones de manera asertiva es esencial para poder entender las creencias y nociones que tenemos sobre nosotros mismos. A su vez, el logro de metas se asocia a la confianza que se tiene sobre las capacidades propias para el logro de metas. Una vez que se tiene en cuenta que el autoconocimiento no solo se trata de reconocer los estados mentales, sino de valorarlos y aceptarlos en el margen de la experiencia personal, se puede tener mayor conciencia sobre lo que nos define en torno al desarrollo de la identidad y los valores que la componen, es decir, lo que se aprecia y se cree que es importante para potenciar las fortalezas que se han forjado en el camino, reconociendo que todo proceso emocional es válido y que la comunicación asertiva de estas experiencias forma parte del bienestar. Prestar atención a lo que ocurre en nuestro mundo interno y hacernos cargo de ello implica hacer un buen uso del autoconocimiento. Esto nos lleva al desarrollo del autoconcepto, que es definido como un margen de referencia para la interpretación de la realidad interna y externa, lo que posiciona las expectativas desde nuestras propias creencias. Este término, al igual que el autoconocimiento es algo que favorece el sentido de la identidad y la consciencia que se tiene de esta, siendo parte de la dimensión cognitiva. El autoconcepto consiste en apreciar las experiencias y vivencias, de manera que se va desarrollando conforme existan nuevas vivencias a lo largo del ciclo vital, por lo que no es algo innato, no es algo que preexiste en nuestra mente.  Al estar en constante desarrollo, el autoconcepto puede desprenderse en las siguientes categorías: Físico: en este aspecto se hace referencia a la percepción que se tiene sobre la apariencia en conjunto con las habilidades y la competencia para realizar alguna hazaña física. Académico: trata de la valoración que se tiene respecto a los fracasos y éxitos en la experiencia académica. Social: hace referencia a las relaciones sociales y la habilidad que se tiene para resolver conflictos, asimismo, tiene que ver con la adaptación al medio. Personal: es la percepción que se tiene sobre la identidad, la responsabilidad, la autonomía y el autocontrol. Emocional: es la sensación de satisfacción y bienestar en torno al equilibrio emocional, relacionado con la seguridad, la confianza y la aceptación sobre nosotros mismos. Las vivencias personales están compuestas por diversos factores y muchos de ellos tienen que ver con la manera en que interactuamos con las nociones internas, es decir, con nuestras creencias, valores y percepciones respecto a los estados mentales. Ser conscientes de la experiencia interna es una forma de configurar el mundo externo y modular las conductas que tenemos en relación con las emociones que experimentamos. Valorar cada uno de estos procesos como parte de algo relevante en el desarrollo de nuestra vida implica poseer mayor autonomía al momento de tomar decisiones y pensar de manera crítica cómo es que nuestro comportamiento puede influir de manera positiva o de manera negativa en el entorno es lo que destaca al autoconocimiento. Autor(a): Psicóloga Nicole Caroline Moreno Vilches – Saluta Centro de Salud Digital Referencias Chernicoff Minsberg, L., & Rodríguez Morales, E. (2018). Autoconocimiento: una mirada hacia nuestro universo interno. Didac, (72), 29-37. https://biblat.unam.mx/hevila/Didac/2018/no72/6.pdf  Prieto Galindo, F. H. (2018). El pensamiento crítico y autoconocimiento. Revista de filosofía, 74, 173-191. https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-43602018000100173&script=sci_arttext Roa García, A. (2013). La educación emocional, el autoconcepto, la autoestima y su importancia en la infancia. Edetania, (44), 241-257.