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Autor: Saluta Admin

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Salud del cuidador ¿Cómo cuidamos al que nos cuida?

Psic. Daniela Camacho Betancourt – Dr.Mauricio Bonilla Sanchez Nuestra sociedad envejece a un ritmo acelerado, la OMS estima que para el  2030, una de cada seis personas en el mundo tendrá 60 años o más; estamos experimentando con el envejecimiento de la población una de las transformaciones sociales más “significativas del siglo XXI”, este fenómeno conlleva a la transformación de otros sectores, desde las estructuras familiares hasta las formas de protección social y de cuidado que como sociedad tenemos, incluido los mecanismos de cuidado de quienes envejecen, cuya demanda de atención aumenta con la pérdida de autonomía, las enfermedades crónicas, la fragilidad física e incluso con el aislamiento social. Todos estos cambios estructurales, ponen en el centro la actividad de cuidar y a quienes lo realizan, los cuidadores.   Cuando hablamos de cuidar a una persona mayor, nos referimos a un conjunto de acciones y atenciones que se brindan con el objetivo de mantener o mejorar su calidad de vida. Estas acciones pueden ser tanto físicas como emocionales, se entiende, entonces, que el cuidador es quien asume la mayor o total responsabilidad de los cuidados de otra persona en condición de dependencia, así cubrir sus necesidades básicas y lograr precisamente ese bienestar, esto implica un importante desgaste en términos físicos y psicológicos, ¿cómo cuidar de alguien sin descuidarse a sí mismo/a?    Según un estudio realizado en España, la prevalencia de depresión y ansiedad en cuidadores de pacientes dependientes es significativamente mayor que en la población general: de un total de 294 cuidadores participantes, 254 (86%) presentaban ansiedad y 191 (65%) presentaban depresión (Domínguez, et al.,2012). Al revisar la literatura, el aspecto más común identificado como un factor de riesgo, es que la mayoría de personas que asumen el rol de cuidador, son informales, por lo que muchos no están capacitados para esta labor o no cuentan con las herramientas necesarias para poder llevarla a cabo sin poner en riesgo su propio bienestar, esto sumando al hecho de que la mayoría lo hacen debido al compromiso existente con la persona que cuidan o por el vínculo que pueda haber, generando una carga emocional adicional a esta importante labor de hacer que el otro esté bien. De esta manera otra pregunta importante sería ¿cómo una persona que no está bien puede hacer que otra esté bien?    Como sociedad vivimos altos niveles de ansiedad,  los estilos de vida y el frenetismo con el que muchas personas hoy en día viven, han llevado a entender la ansiedad, desde una conceptualización multidimensional, como un estado emocional complejo, difuso y aversivo, caracterizado por un pensamiento irracional que genera intranquilidad, tensión, hipervigilancia y preocupación. Es el trastorno de ansiedad una de las enfermedades más comunes, que afecta el desempeño en todas las áreas de una persona: la laboral o académica, la personal y la social (González y Bolaños, 2023). Por otro lado, la depresión que está ad portas de convertirse en la principal causa de discapacidad en el mundo, en los cuidadores tiene consecuencias devastadoras tanto para ellos como para las personas a su cargo. Además de afectar su bienestar emocional, la depresión puede llevar a una disminución de la calidad de los cuidados y por tanto, poniendo en riesgo la propia actividad de cuidadar. A largo plazo, la depresión en los cuidadores puede generar un importante costo social y económico, al requerir mayores gastos en atención médica y reducir la productividad.    De acuerdo a esto ¿qué se puede hacer precisamente para cuidar al que cuida? ¿Qué podemos hacer para que en ese proceso de cuidarnos a nosotros mismo, no descuidemos al otro?    Lo más importante es entender que el que cuida también necesita que se le cuide, ya que cuando el cuidador se encuentra bajo niveles muy altos de estrés que pueden afectar su salud, está más propenso a cometer errores en el cuidado del otro, es decir, para ponerlo en términos más gráficos, si un cuidador atiende a una persona con diabetes y debe aplicarle una dosis de insulina, debe ser muy exacto y precavido al hacerlo, de lo contrario las consecuencias pueden generar un malestar en la persona e incluso tener afectaciones de salud significativas; si el cuidador, por alguna razón presenta algún síntoma de malestar físico o mental, que no esté gestionando de manera adecuada como sucede en el famoso síndrome del cuidador quemado, caracterizado por un cansancio constante, desinterés en las actividades que realiza, ademá de otras afecciones como las que aparecen con la ansiedad o depresión, puede llevarlo a cometer errores garrafales.    En este caso, para evitar situaciones que pueden llegar a ser irremediables, lo mejor que se puede hacer es realizar acciones de prevención que permitan disminuir el riesgo en el cuidado de la persona que depende de sus cuidados. Para ello, trabajar en desarrollar herramientas que capaciten al cuidador, que le brinden espacios de comunicación y expresión, además de brindarle material e información que les permita trabajar en la creación de hábitos saludables, manejo de emociones y gestión del estrés.   Por supuesto la salud digital es una estrategia, el fácil acceso a la información nos ha permitido adquirir herramientas para conocer más a fondo acciones que promueven los hábitos saludables como la alimentación saludable, actividades como realizar al menos 30 minutos de ejercicio diario ayudan a liberar neurotransmisores como la dopamina o serotonina, las cuales generan placer llevando a tener más equilibrio emocional y mental. Prácticas como el mindfulness, la meditación y el yoga pueden ser también aspectos que han demostrado en los últimos años cómo pueden impactar en la salud de las personas y ayudarnos a tener una vida más calmada y serena.   Distintas soluciones como aplicaciones o plataformas de bienestar están hoy disponibles, fáciles de aplicar, de usar e incorporar en las rutinas diarias, sin embargo, la gran tarea es la gestión de la brecha digital, como acercar las tecnologías es siempre la pregunta a responder, vamos avanzando en acercar su uso, en universalizar el acceso a la tecnología.

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Empatía: en el lugar del otro

Si bien la pandemia fue un impulsor de cambios para mostrar más interés por la humanidad, aún falta mucho para lograr una EMPATÍA auténtica, en donde se reconozcan los sentimientos, pensamientos, comportamientos y en general las necesidades de los demás; de hecho, es un término que se ha estudiado a través de la historia, en donde diferentes autores plasman su postura acerca de este término desde lo neuropsicológico, diferencial y social. Sin embargo; nos vamos a centrar en la visión integradora de Davis (1980), quien afirma que en la empatía se establecen diferentes componentes relacionados entre sí, como la dimensión cognitiva que implica imaginar que piensa el otro y la dimensión afectiva que involucra especialmente a las emociones. En este sentido, se trata de considerar a la otra persona como un ser importante, con sus cualidades, defectos, limitaciones e intereses; significa, no solo sentir el dolor del otro si no, participar de su vida de una manera significativa y así construir relaciones más fuertes y legítimas.   DATO CURIOSO En el ámbito clínico se pueden observar algunas características principales de Apatía, como por ejemplo en las personas que padecen de Asperger, en donde se caracteriza la incapacidad para interactuar con los demás; en los trastornos de personalidad específicamente en el trastorno de personalidad esquizoide, en donde se suele encontrar el aislamiento social y la empatía deficiente. Ademas, en la esquizofrenia relacionada con las alteraciones de las funciones ejecutivas y en las habilidades sociales. De este modo, la evaluación oportuna juega un papel fundamental para lograr identificar los signos y síntomas de un posible trastorno mental y así conseguir la mejora del sujeto a través de un adecuado proceso terapéutico.   PERO ¿DE DÓNDE VIENE LA EMPATIA? Se suele pensar que la empatía viene desde el nacimiento, no obstante, ésta se desarrolla desde la infancia y en la manera en cómo fuimos criados, es decir; esta habilidad se puede aprender a través de un buen entrenamiento de vida. ¿Y TIENE VENTAJAS SER EMPATICOS? Por supuesto, al ser empático con los demás, serás capaz de: Tener un círculo social más amplio y duradero. Podrás ser más contundente, así los demás confiaran en ti. Te podrás comunicar mejor con los demás, hablaran de muchas cosas en común. Te convertirás en el líder al comprender los deseos y necesidades de otros. Serás el impulsor de mejorar el entorno en el que te encuentras.   Como te puedes dar cuenta son múltiples los beneficios que obtendrás al vincular la anterior información a tu vida y así actuar de manera eficaz ante la sociedad.   ¿CÓMO MEJORAMOS NUESTRA EMPATIA? A continuación, te dejamos algunas características la potenciaran: Elimina los prejuicios y estereotipos que implanta la sociedad. Reconoce y entiende tus emociones para comprender las de los demás. Muestra interés por los acontecimientos del otro, cultiva tu curiosidad. Reconoce las habilidades y cualidades de los demás. Aprende a escuchar, es importante la opinión de los demás. Sin embargo, aún falta mucho para concientizar a las personas sobre la importancia de tener una alta sensibilidad y bondad, con el fin de alcanzar objetivos comunes. Por eso desde Saluta, te invitamos a desarrollar tu empatía y con la mayor destreza comprender los sentimientos, circunstancias y necesidades de las demás personas.   “Ser empático es ver al mundo a través de los ojos del otro y no ver nuestro mundo reflejado en sus ojos” Rogers   Psicóloga Angélica Varón – Saluta Centro de Salud Digital Especialista en psicología clínica y desarrollo infantil. Referencias: Fernández, I., López, B., & Márquez, M.  (2008). Empatía: Medidas, teorías y aplicaciones en revisión. Anales de Psicología, 24(2), 284-298. Rivero, M. (2019). Empatía, el arte de entender a los demás Universidad Mayor de San Simón – DICYT

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Gestionando las preocupaciones

La preocupación surge desde una cadena de pensamientos, actividad lingüística verbal e imágenes que tienden a estar cargadas de emociones displacenteras que no parecieran ser controlables. Desde este ámbito, la preocupación es utilizada como un intento de solución a problemas de los que no hay certeza, de los que desconocemos cuáles podrían ser las consecuencias y normalmente se asocia con la emoción del miedo, siendo un medio para evitar experiencias amenazantes para nuestro bienestar. Por su parte, un concepto adicional es la rumiación, que se caracteriza por la repetición constante de pensamientos disfuncionales, siendo un patrón no sólo de pensamiento, sino de conductas que ponen como centro la atención hacia uno mismo, donde observamos el malestar percibido en conjunto con las causas que éste posee, siendo una barrera para enfocarse en la solución del malestar que se está experimentando. A su vez, hay dos formas de pensamiento rumiativo, las cuales son:         Brooding: pensamientos asociados a la tristeza que no promueven una búsqueda activa para dar solución a un problema.         Reflection: énfasis en el ámbito reflexivo del pensamiento, promoviendo conductas de afrontamiento frente a problemas. Tanto en la preocupación como la rumiación, son factores de vulnerabilidad cognitiva para trastornos de ansiedad y trastornos depresivos. El factor principal que puede disuadir el malestar provocado por la preocupación y la rumiación es hacerse cargo del problema o los problemas que puedan estar presentes. Evitar afrontar lo que nos preocupa puede provocar síntomas de ansiedad y/o tensión, lo que es nocivo para nuestra calidad de vida. ¿Qué preocupaciones son las que vale tener en cuenta? En primera instancia, las preocupaciones son relevantes en la medida que estas puedan ser resueltas. Esto tiene que ver con las consecuencias que puede tener el hacerse cargo o no de una preocupación, en este sentido, vale la pena plantearse preguntas como: ¿Esto que me preocupa será un problema dentro de una semana, un mes o un año? ¿Qué pasará con esta situación en cinco años más? Desde el punto de vista de una preocupación que se basa en evitar problemas, puede que un problema sea muy abrumador si no tenemos en cuenta la valoración de las consecuencias que tiene para nuestro bienestar, más bien, ¿vale la pena no hacerse cargo y prolongar algo que se puede solucionar? Por otro lado, si se trata de un problema que no supone riesgos ni consecuencias futuras, ¿merece la pena preocuparse por ello? ¿Qué es lo que puedes hacer para cambiar la situación? ¿Puedes hacerte cargo de ese problema en ese momento? Estas últimas preguntas tienen por objetivo dar cuenta de las acciones que se pueden realizar en un contexto específico, por ende, si hay algo que puedas hacer para solucionar lo que te preocupa, puedes actuar en el instante que lo amerita o bien planificarlo si no es posible afrontar el problema en el momento actual. ¿Qué estrategias debo tener en cuenta antes de tomar una decisión frente a lo que me preocupa? Existen estrategias de afrontamiento que pueden ser eficaces para la toma de decisiones, entre estas podemos encontrar:   Expresión dirigida: Es positivo permitir que la preocupación siga estando presente en un tiempo determinado, es una forma de validar nuestro sentir. Distracción: Realizar actividades que nos distraigan o reemplazar la preocupación por pensamientos funcionales. Revaloración de la amenaza: Podemos evaluar nuevamente la amenaza percibida respecto a la preocupación. Relajación: Cualquier actividad relacionada con la meditación o en su defecto, de relajación. Tal como se mencionó con anterioridad, la preocupación puede ser funcional si se utiliza para movilizar nuestros recursos personales y orientarlos a una solución, es por esto por lo que estrategias como la expresión dirigida son útiles para el manejo de la preocupación, puesto que se genera mayor tolerancia a los riesgos estimados desde la amenaza. Asimismo, la estrategia de revaloración es positiva al notar que se puede centrar en problemas más realistas e inmediatos, teniendo un mayor foco en la resolución de problemas. En tanto, la distracción y la relajación son relevantes al disminuir los niveles de ansiedad o angustia. Por su contraparte, las estrategias que son ineficaces para el manejo de las preocupaciones son:   Supresión dirigida: Es cuando nos decimos a nosotros mismos que no hay qué preocuparse. Auto-confirmación: Pensar que todo estará bien. Búsqueda de reconfirmación ajena: En esta estrategia es común consultar con amistades o familia si todo podrá salir bien. Comprobación: Se utilizan actos repetitivos que tienen la finalidad de aliviar las dudas. Castigo: Criticarse a sí mismo por estar preocupado. Supresión de la emoción: Es el intento de suprimir emociones como la angustia y la ansiedad que está relacionada con la preocupación. Estas estrategias son negativas principalmente porque se enfocan en evadir el problema o bien invalidar las emociones que se están experimentando al momento de sentir preocupación. Ahora, ¿cómo puedo dar el primer paso? Mantener distancia de tus preocupaciones es lo opuesto a dar el primer paso, por ende, es mucho más factible comenzar definiendo qué es lo que provoca esa preocupación (pueden ser muchas o pueden ser pocas) para luego comenzar a definir objetivos que estén asociados a esos problemas. Es importante que, a la hora de definir los objetivos, mantengas una expectativa realista sobre lo que puedes y lo que no puedes hacer y si eso es algo de lo que podrías hacerte cargo en ese instante. De no poder hacerlo, siempre puedes plantearte un objetivo para poder lograrlo. Por último, siempre es mejor tener varias soluciones a tu alcance que una sola, eso aumenta las posibilidades de dar fin a la preocupación. Si te sientes identificado con alguna de las estrategias ineficaces y sueles evitar los problemas, ¡te invitamos a revisar el módulo en nuestra app! Descárgala AQUÍ Autor(a): Psicóloga Nicole Caroline Moreno Vilches – Saluta Centro de Salud Digital Referencias Beck, A. T. (2013). Terapia cognitiva para trastornos de ansiedad. Desclee de brouwer. García, J. y Nogueras, V. (2013). Guía de Autoayuda para la Depresión y los

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Gestión Emocional: Una herramienta contra todo

En una sociedad en la que a menudo se viven cambios constantes, es necesario que el individuo logre encontrar un punto de equilibrio en sus emociones.  Sin embargo, esta tarea se forja difícil cuando no tenemos los recursos necesarios para poder responder adecuadamente a los sucesos de la vida diaria; por esta razón, comenzaremos por comprender el núcleo de las emociones y percibir en qué momento el cuerpo y la mente se unen para provocar una respuesta apropiada contra todo. PERO ¿QUÉ SON LAS EMOCIONES? Son componentes fundamentales en nuestra vida que de alguna manera determinan nuestros estados físicos y psicológicos y que nos inducen a conductas que muchas veces nos lanzan a estilos de vida disfuncionales. Estas se caracterizan por tres componentes importantes: Primero, las emociones tienen sentimientos o afectos subjetivos, es decir, lo que la gente experimenta cuando se siente irritado, ansioso u orgulloso. Segundo, están acompañadas por cambios corporales, asociados con la respiración, el ritmo cardíaco, la tensión muscular y las expresiones faciales. Tercero, las respuestas comportamentales que incluyen acciones tales como la agresión, la evitación, la curiosidad o la adopción de una determinada postura corporal. Como vemos las acciones actúan principalmente en estos tres niveles, aunque pueden ser diferentes según las culturas, los contextos y los individuos. Por esta razón, hace algún tiempo clasificaban las emociones como Buenas o Malas, sin embargo; este calificativo se fue eliminando a través de la historia al determinar que la función de cada una de ellas es la Adaptación de cualquier organismo vivo, para la supervivencia. AHORA CONOZCAMOS CUALES SON LAS EMOCIONES BÁSICAS Y LA FUNCIÓN DE CADA UNA DE ELLAS. Miedo: ???? Anticipación de una amenaza o peligro (real o imaginario) que produce ansiedad, incertidumbre, inseguridad. ???? El miedo es necesario ya que nos sirve para apartarnos de un peligro y actuar con precaución.  Sorpresa: ???? Sobresalto, asombro, desconcierto. Es muy transitoria y nos permite una aproximación cognitiva para saber qué está ocurriendo. ???? Nos ayuda a orientarnos, a saber, qué hacer, ante una situación nueva. Ira:  ???? Rabia, enojo que aparece cuando las cosas no salen como queremos o nos sentimos amenazados por algo o alguien. ???? Es adaptativo cuando impulsa a hacer algo para resolver un problema o cambiar una situación difícil. Puede conllevar riesgos de inadaptación cuando se expresa de manera inadecuada. Alegría:  ???? Sensación de bienestar y de seguridad que sentimos cuando conseguimos algún deseo o vemos cumplida alguna ilusión. ???? Nos induce hacia la reproducción (deseamos reproducir aquel suceso que nos hace sentir bien). Tristeza: ???? Pena, soledad, pesimismo ante la pérdida de algo importante o cuando nos han decepcionado. ???? La función de la tristeza es la de pedir ayuda. Nos motiva hacia una nueva reintegración personal.   Si bien nuestras manifestaciones emocionales, pueden ser un factor importante para tener buenas o malas relaciones personales, por tal motivo debemos estar dispuestos a conocer, manejar y responder adecuadamente a ellas, para transitar de mejor manera ante los sucesos de la vida.   ¿Y CÓMO GESTIONAMOS NUESTRAS EMOCIONES? Para ello, debemos saber que la gestión emocional se define como todos “los procesos externos e internos responsables de monitorizar, evaluar y modificar nuestras reacciones emocionales para cumplir nuestras metas”. Es decir, son un conjunto de prácticas que nos garantizan una respuesta comportamental y no disruptiva para cada momento de nuestras vidas. Tener el control de las emociones es verdaderamente difícil, puesto que se necesitan de habilidades necesarias modular, identificar y etiquetar las emociones en situaciones que podrían ser importantes. Por lo regular, implica el siguiente proceso. El suceso que ha desencadenado la emoción. La interpretación de la situación desencadenante de la emoción. La historia previa al evento desencadenante que aumenta la sensibilidad al evento y la vulnerabilidad a responder emocionalmente. La experiencia subjetiva, incluyendo la sensación física provocada por la emoción. Las conductas que expresan la emoción. Efectos secundarios de la propia emoción en otras áreas de funcionamiento de la persona. Para poner en práctica todo lo anterior es necesario realizar un entrenamiento óptimo que integre varios componentes terapéuticos en donde, podemos desarrollar estrategias eficaces para abrirnos interiormente a las experiencias emocionales con total aceptación y siendo capaces de analizar y comprender lo que sentimos. Aquí te dejamos algunos ejemplos que se pueden utilizar de forma práctica y sencilla en cualquier situación de la vida diaria. Mindfulness: En donde el propósito principal es tener la disposición del momento presente, observando experiencias internas y clarificando pensamientos. Te puedes ayudar con elementos digitales de tres a cinco minutos diarios. Técnicas de restructuración cognitiva: La cual implica el adoptar una perspectiva positiva de los pensamientos. Si tienes algún problema, realiza un plan para reflexionar efectivamente ante la situación. Proceso de escritura: Lo cual favorece los procesos de mentalización en las más variadas circunstancias de la vida cotidiana. Se puede realizar a través de un diario personal escribiendo al iniciar o finalizar el día. Monitoreo de actividades y estado de ánimo: Pretende llevar el control de las emociones desbordas y el manejo de los eventos situacionales. Diseña un plan de mejora y compromiso diario. Como nos podemos dar cuenta, la gestión emocional y el comportamiento asertivo nos permite cambiar hábitos de vida, resolver problemas y fortalecer los vínculos afectivos. Así que, si quieres obtener más herramientas, ingresa a nuestra App Saluta en donde podrás obtener más recursos de autoayuda.   Psicóloga Angélica Varón – Saluta Centro de Salud Digital Especialista en psicología clínica y desarrollo infantil.   Referencias: Reyes, M. (2016). Regulación emocional en la parte clínica: una guía para terapeutas. Ed. Manual Moderno. XVI p. 112. México. Lanza, G. (2007). La escritura en psicoterapia: regulación emocional y funcionamiento reflexivo. file:///C:/Users/angli/Downloads/LaEscrituraenPsicoterapiaRegulacinEmocioanlyFuncionamientoReflexivo.pdf. Barreto, A. (2011). Cuentos y relatos para educar la inteligencia emocional. Ed. CCS. Becerril de la Sierra. España

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Toma de Decisiones

El proceso de toma de decisiones consta de componentes que están asociados a la motivación, en este sentido, la teoría de la autodeterminación propone una estructura jerárquica en el proceso motivacional, la cual es global, contextual y situacional. Respecto a lo global, se relaciona con la personalidad, mientras que en el nivel contextual se habla sobre aspectos de la actividad humana, tales como el trabajo, lo académico, el ocio, etc. En este nivel el entorno social posee mayor influencia. Por último, cuando se hace referencia al nivel situacional, se hace énfasis en los espacios de tiempo que son irrepetibles, como una reunión familiar en un año y tiempo determinados. Cada uno de los niveles mencionados interactúan entre sí, incluso, los factores sociales poseen influencia en el proceso motivacional a través de las necesidades psicológicas básicas como la competencia, vinculación y autonomía.  Existen tres tipos de motivación: Intrínseca: este aspecto tiene que ver con la satisfacción que proporciona la realización de actividades que no poseen recompensas externas, es decir, se destaca por el placer de hacerlas. Extrínseca: se refiere a la ejecución de conductas para un determinado fin o propósito. Amotivación: asociada con la sensación de falta de un propósito. Asimismo, lo que expresa la teoría de las necesidades psicológicas básicas respecto a la búsqueda de satisfacción de necesidades como la autonomía, la competencia y la vinculación. En este sentido, la autonomía viene siendo parte de la organización del comportamiento en relación con la libertad, la cual no debe ser confundida con independencia o el individualismo, más bien, la autonomía representa la capacidad para escoger qué acciones se realizarán en determinado contexto. Por otro lado, la competencia implica la asunción de desafíos óptimos que tengan por consecuencia sentimientos de efectividad, teniendo habilidades para poder crear un impacto en su ambiente.  En cuanto a la vinculación, se hace referencia a la vivencia de relaciones sociales sanas. Janis y Mann proponen un modelo que indica que el proceso de toma de decisiones se genera por estrés, el cual es alimentado por dos fuentes. La primera es la preocupación respecto a las pérdidas objetivas, mientras que la segunda hace alusión a la preocupación por pérdidas subjetivas. Ambas preocupaciones generan resistencia en la toma de decisiones, puesto que se pone en duda si realmente vale la pena dejar todo tal y como está. En este caso se pueden considerar alternativas asociadas a correr el riesgo de cambiar el curso de una situación o conflicto, la cual puede verse teñida por la preocupación.  Las estrategias que suelen utilizarse en la resolución del conflicto que genera estrés consisten en utilizar estrategias como la vigilancia, que se caracteriza por el optimismo que se tiene para poder encontrar una solución y la creencia de que hay tiempo suficiente para la búsqueda de información importante que pueda ser evaluada. Otra estrategia es la hipervigilancia, que es cuando un individuo posee la creencia de dar con una solución, aunque a diferencia de la estrategia anterior, se considera que no se dispone del tiempo necesario, provocando que se busque información de manera desordenada, siendo víctima de niveles altos de estrés. Por último, la evitación defensiva es una estrategia que nace del pesimismo respecto a la posibilidad de encontrar una solución, teniendo como consecuencia la evitación, donde se pospone la toma de una decisión. Confiar en las propias capacidades para tomar decisiones anticipa las reacciones que pueda tener un individuo al momento de percibir el éxito o los riesgos de la decisión que tomará. En el caso contrario, cuando no existe autoconfianza, las emociones negativas suelen provocar el arrepentimiento, anticipando la ansiedad al notar que existe un conflicto posterior a la decisión tomada, lo que aumenta la percepción del riesgo de pérdidas subjetivas. Se concibe el proceso de toma de decisiones como una forma de prevenir las consecuencias psicológicas displacenteras. La presencia de emociones negativas provoca la hipervigilancia en la toma de decisiones, de manera que un individuo tiende a cuestionar su capacidad para buscar soluciones eficaces. Esto es algo que puede perturbar la percepción que se tiene sobre alguna tarea o actividad en particular, puesto que tiende a verse como algo demandante y que excede los recursos disponibles para su realización.  Esta propuesta puede ser interesante para quienes tienden a utilizar el autosabotaje al momento de tomar decisiones, dado que esto puede ser determinante en la percepción que se tiene del riesgo y el fracaso. Puedes acceder al módulo de Toma de decisiones en la app de Saluta si deseas saber cómo enfrentar esto.   Autor(a): Psicóloga Nicole Caroline Moreno Vilches – Saluta Centro de Salud Digital   Referencias Luna Bernal, A. C., & Laca Arocena, F. A.  (2014). Patrones de toma de decisiones y autoconfianza en adolescentes bachilleres. Revista de Psicología, 32(1), 39-65. Stover, J. B., Bruno, F. E., Uriel, F. E., & Fernández Liporace, M.  (2017). Teoría de la Autodeterminación: una revisión teórica. Perspectivas en Psicología: Revista de Psicología y Ciencias Afines, 14(2), 105-115.

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Aceptación y Control

El intento de librarse del malestar o librarse de problemáticas que pueden afectarnos en el día a día sólo se transforma en algo traumático, pues el dolor solo se amplifica. Por muy difícil que sea afrontarse a un problema, normalmente es una de las soluciones más eficaces, puesto que afrontar también tiene que ver con aceptar que no tenemos control de todo nuestro entorno. Por cierto, aceptar esta realidad no significa sufrir voluntariamente ni mucho menos tener que soportar el dolor, más bien se trata de “abrazar” el malestar. Esta metáfora consiste en vivir la experiencia desde una posición distinta a la posición que nos victimiza ante las experiencias negativas, por tanto, no se trata de luchar contra tus emociones, sino de enfocar tu atención en la manera de salir y aceptar que el malestar va a permanecer, pero que esto no va a ser un limitante para vivir nuestra vida. Es normal que en primera instancia no sea fácil aceptar esta realidad, es por esta razón que es conveniente hacer una revisión de las distorsiones del pensamiento que podrían estar acechando e interfiriendo en este proceso de aceptación. En este sentido, podemos notar algunos pensamientos e ideas como: “Tengo qué, debería”: este tipo de pensamientos se caracterizan por ser rígidos y tienen como resultado comportamientos que se asocian a sobreestimar lo negativo de una experiencia, resaltando que las expectativas no han sido cumplidas. “Todo o nada”: cuando se consideran este tipo de ideas, suelen verse únicamente dos tipos de alternativas para dar con una solución, en vez de reconocer más posibilidades. Pensamiento catastrófico: se realizan predicciones negativas respecto al futuro. Magnificar o minimizar: cuando se evalúa una experiencia, tiende a ser considerado desde maximizar lo negativo de la situación o minimizar hasta dejar de darle importancia. Visión de túnel: sólo se valoran los aspectos negativos de una experiencia. Las emociones poseen un rol relevante en lo que respecta a la supervivencia, especialmente cuando se trata de emociones “negativas”. Teniendo en cuenta que una emoción surge desde un pensamiento, es inevitable experimentar malestar si hacemos uso de alguna de las distorsiones del pensamiento que fueron mencionadas. Aun así, no es la respuesta emocional lo que provoca evitar el afrontar la realidad, en realidad son los comportamientos disfuncionales asociados a esas emociones, dado que, tal como se mencionó, las emociones poseen una función adaptativa cuando son “negativas”. Cabe destacar que una emoción por sí misma no es negativa, sino que se hace alusión a lo displacenteras que son, a diferencia de las emociones “positivas”, que en realidad promueven la satisfacción. Lo positivo y lo negativo en este caso, se trata de un alcance teórico, no de catalogarlas como algo “bueno” o algo “malo”. Las emociones “negativas” son: Miedo, ira, tristeza, asco y ansiedad Las emociones “positivas” son: Alegría, amor, felicidad La capacidad para percibir estas emociones y poder etiquetarlas implica tener conciencia emocional desde su vocabulario. A partir de esto surgen conceptos como la empatía, que consiste en comprender las emociones de las demás personas e involucrarse con las vivencias emocionales de forma respetuosa a través de la comunicación verbal y no verbal. El control en sí mismo puede resultar controversial cuando se trata de regular las emociones propias, puesto que puede ser confundido con “mantener controladas” las emociones negativas sin tener en cuenta que forman parte de nuestra supervivencia. Cuando mencionamos esto nos referimos a la capacidad para manejar las emociones apropiadamente, desde una gestión que supone dar cuenta de la interacción entre la cognición, la emoción y el comportamiento. Desde esta interacción es que es posible generar buenas estrategias de afrontamiento y la capacidad para aprender a generar emociones positivas que nos provocan satisfacción. La regulación emocional se refiere a la comprensión de las consecuencias que posee nuestra expresión emocional ante determinadas situaciones e identificar el comportamiento que poseen otras personas en esta temática. Regular nuestros propios sentimientos y emociones es aceptar que algunas emociones como la ira no son fructíferas en la comunicación, también es prevenir estados emocionales “negativos” que puedan provocarnos estrés, ansiedad o depresión. Para aprender a regular las emociones propias hay que tener en cuenta los valores con los que nos sentimos identificados. Estos suelen basarse en emociones como la esperanza, el amor, la empatía o la compasión, siendo cualidades intencionales que se asocian a un curso de experiencias a lo largo de un camino que es significativo. No se pueden poseer porque forman parte de las cualidades respecto a las acciones que se realizan, siendo una dirección y no un objeto, en este sentido, los valores tampoco son metas que se puedan cumplir, dado que las metas son concretas y alcanzables, mientras que los valores son direcciones por seguir que no suponen un resultado concreto del cuál siempre se puede ir mejorando. Los valores representan el camino que se desea seguir y que guía de manera adecuada la toma de decisiones, teniendo una connotación importante para definir qué es lo que un individuo quiere o desea para su vida. Autor(a): Psicóloga Nicole Caroline Moreno Vilches – Saluta Centro de Salud Digital   Referencias Beck, J. (2015). Terapia cognitiva: Conceptos básicos y profundización (Vol. 141626). Editorial Gedisa. Bisquerra, R. (2016). 10 ideas clave: Educación emocional. Editorial GRAÓ. Hayes, S. C. (2013). Sal de tu mente, entra en tu vida. Desclée de Brouwer.

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Autoconocimiento

La introspección al ser un mecanismo de percepción interna provee de conocimiento respecto a los estados mentales propios, siendo automática. La consciencia del estado mental está basada en la autoridad para reconocer lo que sucede a nivel interno, destacando la sinceridad como elemento principal para reconocer la existencia del autoconocimiento. Poder utilizar esta herramienta a favor implica dar el reconocimiento de las emociones y percepciones internas al momento de describir nuestros procesos internos.  De este modo podemos decir que el autoconocimiento consiste en tener la capacidad para poder centrar la atención en nosotros mismos y, por consiguiente, ser conscientes de nuestra identidad, compuesta por pensamientos, emociones y conductas, lo que incluye el reconocimiento de nuestras capacidades, fortalezas y debilidades. El autoconocimiento es algo que nos ayuda a alcanzar metas personales, dado que a raíz de esto es que podemos modificar conductas desadaptativas al saber de la existencia de patrones disfuncionales que nos llevan a experimentar malestar general. Establecer metas adaptadas a nuestros valores representa el sentido de agencia, que es el que nos otorga la capacidad para orientar el conocimiento en función de lo que queremos lograr. De no conocer las aspiraciones personales, las emociones, las necesidades y las motivaciones implica que nuestro comportamiento esté dirigido por la base de los prejuicios, deseos impulsivos y respuestas automáticas para la supervivencia, tal y como si se estuviera viviendo en piloto automático. Entender que nuestro mundo interno está compuesto por emociones que han influido en la experiencia, el comportamiento y la expresión de dichas emociones de manera asertiva es esencial para poder entender las creencias y nociones que tenemos sobre nosotros mismos. A su vez, el logro de metas se asocia a la confianza que se tiene sobre las capacidades propias para el logro de metas. Una vez que se tiene en cuenta que el autoconocimiento no solo se trata de reconocer los estados mentales, sino de valorarlos y aceptarlos en el margen de la experiencia personal, se puede tener mayor conciencia sobre lo que nos define en torno al desarrollo de la identidad y los valores que la componen, es decir, lo que se aprecia y se cree que es importante para potenciar las fortalezas que se han forjado en el camino, reconociendo que todo proceso emocional es válido y que la comunicación asertiva de estas experiencias forma parte del bienestar. Prestar atención a lo que ocurre en nuestro mundo interno y hacernos cargo de ello implica hacer un buen uso del autoconocimiento. Esto nos lleva al desarrollo del autoconcepto, que es definido como un margen de referencia para la interpretación de la realidad interna y externa, lo que posiciona las expectativas desde nuestras propias creencias. Este término, al igual que el autoconocimiento es algo que favorece el sentido de la identidad y la consciencia que se tiene de esta, siendo parte de la dimensión cognitiva. El autoconcepto consiste en apreciar las experiencias y vivencias, de manera que se va desarrollando conforme existan nuevas vivencias a lo largo del ciclo vital, por lo que no es algo innato, no es algo que preexiste en nuestra mente.  Al estar en constante desarrollo, el autoconcepto puede desprenderse en las siguientes categorías: Físico: en este aspecto se hace referencia a la percepción que se tiene sobre la apariencia en conjunto con las habilidades y la competencia para realizar alguna hazaña física. Académico: trata de la valoración que se tiene respecto a los fracasos y éxitos en la experiencia académica. Social: hace referencia a las relaciones sociales y la habilidad que se tiene para resolver conflictos, asimismo, tiene que ver con la adaptación al medio. Personal: es la percepción que se tiene sobre la identidad, la responsabilidad, la autonomía y el autocontrol. Emocional: es la sensación de satisfacción y bienestar en torno al equilibrio emocional, relacionado con la seguridad, la confianza y la aceptación sobre nosotros mismos. Las vivencias personales están compuestas por diversos factores y muchos de ellos tienen que ver con la manera en que interactuamos con las nociones internas, es decir, con nuestras creencias, valores y percepciones respecto a los estados mentales. Ser conscientes de la experiencia interna es una forma de configurar el mundo externo y modular las conductas que tenemos en relación con las emociones que experimentamos. Valorar cada uno de estos procesos como parte de algo relevante en el desarrollo de nuestra vida implica poseer mayor autonomía al momento de tomar decisiones y pensar de manera crítica cómo es que nuestro comportamiento puede influir de manera positiva o de manera negativa en el entorno es lo que destaca al autoconocimiento. Autor(a): Psicóloga Nicole Caroline Moreno Vilches – Saluta Centro de Salud Digital Referencias Chernicoff Minsberg, L., & Rodríguez Morales, E. (2018). Autoconocimiento: una mirada hacia nuestro universo interno. Didac, (72), 29-37. https://biblat.unam.mx/hevila/Didac/2018/no72/6.pdf  Prieto Galindo, F. H. (2018). El pensamiento crítico y autoconocimiento. Revista de filosofía, 74, 173-191. https://www.scielo.cl/scielo.php?pid=S0718-43602018000100173&script=sci_arttext Roa García, A. (2013). La educación emocional, el autoconcepto, la autoestima y su importancia en la infancia. Edetania, (44), 241-257.

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Resolución de problemas y conflictos

Los antecedentes de respuestas desadaptativas respecto a la resolución de problemas hacen referencia a la carencia de habilidades para manejar una situación conflictiva. Cabe destacar que las respuestas desadaptativas pueden estar dadas desde la sintomatología depresiva y ansiosa, donde se tienden a resolver los problemas de manera poco satisfactoria a largo plazo. La identificación y resolución de problemas que están asociados a las respuestas desadaptativas implica realizar cambios en las estrategias utilizadas con anterioridad. De esta manera, al definir soluciones alternativas es mucho más probable poder establecer cambios que duren en el tiempo.  Un problema es definido como un desequilibrio entre la disponibilidad para responder y las exigencias percibidas. El desempeño esperado en contraposición con el desempeño que se puede lograr forma parte de esta temática que es asociada al estrés, de modo que las exigencias personales o del ambiente sobrepasan los recursos que se perciben para afrontar el problema, dificultando la posibilidad de solucionarlo.  Una solución hace referencia a los recursos de afrontamiento, donde existe una pauta adecuada para responder ante las exigencias percibidas, maximizando los beneficios asociados al afrontamiento del problema y minimizando el estrés.  En tanto, afrontar implica la prevención del malestar asociado con el estrés, puesto que está dirigido hacia la resolución y al acceso de recursos personales para eliminar las barreras emocionales y cognitivas que no permiten una resolución eficaz. Las emociones juegan un papel importante en este aspecto al tener en cuenta que son subjetivas, de modo que su intensidad y duración varía en cada persona. Es a través de la emoción que existen respuestas fisiológicas y respuestas cognitivas, donde se realiza una valoración del estímulo percibido, generando respuestas a nivel motor, como evitar el conflicto o alejarse de una situación conflictiva. Incluso, la presencia de emociones positivas puede ampliar los repertorios de conducta asociados a la resolución de problemas, puesto que favorece la construcción de recursos personales para afrontar distintos conflictos, además de promover la creatividad y amplía el autoconocimiento. Es ideal que a través de la presencia de emociones positivas en el día a día se pueda promover la resiliencia y optimizar el bienestar subjetivo. Cuando mencionamos emociones positivas nos referimos a las que provocan una sensación de bienestar. En este caso, al provocar placer o bienestar nos permiten potenciar nuestras virtudes y fortalezas, que por consiguiente nos ayudan a experimentar felicidad. Lo que compone el proceso de resolución de problemas consta de: Actitud hacia los problemas: son un reflejo del pensamiento y los sentimientos de un individuo respecto a los problemas que experimenta en su vida. La actitud abarca la habilidad que se posee para proveer de soluciones a dichos problemas a través de respuestas emocionales, creencias, valoraciones y expectativas. Habilidades para la resolución de problemas que se está vista desde: Formulación del problema Generar soluciones alternativas Toma de decisiones Verificar utilidad de las soluciones La secuencia de las fases mencionadas no necesariamente es lineal, pues no siempre se tiene el problema definido de manera previa, es más, es posible que se esté en el paso de tomar decisiones mientras se formula un problema. Nadie está exento de poseer dificultades en algunos de los aspectos mencionados para la resolución de problemas, de hecho, es común que estas dificultades estén relacionadas con la negación de la existencia de un problema, la sensación de que no se puede hacer frente al problema, no sentir la capacidad para generar soluciones, posponer la toma de decisiones o mostrar poco interés para afrontar el problema. En este sentido, las respuestas emocionales pueden actuar como un facilitador para el proceso de solventar el problema o también puede ser una barrera que interfiera con el desarrollo adecuado, por lo que es conveniente que se realice la práctica de ejercicios de relajación, autoinstrucciones, imaginación positiva o reestructuración cognitiva. Sobre la orientación hacia los problemas, estos se pueden desglosar en cinco áreas, tales como: Percepción del problema: cuando mencionamos la percepción, nos referimos a la tendencia que existe respecto a negar o minimizar los problemas, que son efectivos para reducir la ansiedad provocada por el conflicto, pero en realidad es contraproducente porque es una estrategia para evitar hacerse cargo. No obstante, también puede ser que la percepción del problema esté mal dirigida, donde se consideran las consecuencias negativas como un problema, más que la situación que es la que genera la presencia de sintomatología ansiosa. Atribución del problema: la tendencia a culparse a sí mismos es una estrategia desadaptativa, considerando que la culpabilidad provoca malestar y evita que el individuo pueda hacerse cargo del problema. En cambio, atribuir el problema como parte de algo normal, sabiendo que los errores se pueden cometer y que no siempre se posee control sobre el ambiente externo, a excepción de los factores personales que se pueden trabajar, provoca que la atribución sea parte de un proceso de afrontar el problema sin tener que evitarlo. Valoración: un problema puede ser concebido como un desafío, donde se utiliza la experiencia como un aprendizaje y así tomar medidas para modificar los errores cometidos con anterioridad. Sin embargo, si el problema es percibido como una amenaza, puede facilitar respuestas asociadas a la evitación o la ansiedad, donde el fracaso es visto como algo catastrófico. Control: la creencia de que se puede manejar un problema y solucionarlo es un predictor importante en la resolución de problemas. Por el contrario, si se cree que no se puede afrontar o solucionar un problema, la ansiedad y la tendencia a evitar es más intensa. Compromiso: el compromiso abarca la probabilidad de estimar de forma precisa el esfuerzo y tiempo que puede dedicar a solucionar un problema, a su vez, abarca la probabilidad de que exista disposición para dedicar tiempo y esfuerzo.  Respecto a la comunicación en situaciones de conflicto, la asertividad forma parte relevante al ser considerada como una forma de expresar los pensamientos y emociones de un individuo sin dominar, degradar o humillar a otras personas, destacando una gran valoración por sí mismo al poder expresar sus derechos de forma

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Autocontrol y Disciplina

La capacidad para controlar los deseos e impulsos con la finalidad de manejar una conducta en conjunción con la cognición y la emoción hace referencia a la autorregulación, que también se define como comportamientos que se orientan a metas valiosas. Esto guarda relación con el autocontrol, que implica un esfuerzo mental para sobreponerse a impulsos, siendo encargado de modificar o interrumpir conductas indeseadas que puedan interferir en el logro de objetivos El autocontrol es un beneficio para la producción de respuestas positivas, siendo adecuada para reducir manifestaciones agresivas en el comportamiento. A su vez, es asociada con un menor consumo de alcohol y sustancias e incluso con un buen rendimiento académico. En este sentido, la impulsividad es lo que no permite tener un autocontrol adecuado, puesto que hace alusión a una menor habilidad de regulación en el comportamiento. Como función cognitiva, la inhibición de respuestas automáticas representa de manera amplia este concepto. No sólo se toman en cuenta las respuestas a nivel emocional, sino que también las respuestas que se han aprendido a través de la experiencia y que eventualmente se automatizan, como frenar cuando hay un semáforo en rojo. Asimismo, las respuestas genéticamente programadas son las que permiten nuestra supervivencia, como alejar las manos del fuego si este nos quema. Valorar la situación en la que se encuentra antes de ceder a los impulsos nacidos de la motivación es una forma de autocontrol. De lo contrario, al ceder a estos impulsos, es probable que se valore más la recompensa inmediata. Es por esta razón que antes de tomar una decisión se debe de evaluar la situación para dar con una respuesta que sea más beneficiosa a largo plazo.  Bajo la lógica de la recompensa inmediata, es sensato utilizar estrategias que puedan redirigir la atención del objeto o recompensa tentativa. Una buena forma de llevarlo a cabo consiste en replantear la situación para prestar atención en las características generales del objeto y no en lo que se considera más atractivo. La estrategia de contraste mental también es beneficiosa para establecer un mayor compromiso con las metas a largo plazo. Esto se realiza a través de la imaginación, donde se visualiza el anhelado futuro, para luego hacer un contraste con la realidad del presente y visualizar todo lo que está en medio del camino que podría evitar el cumplimiento de la meta en el futuro. El contraste mental difiere de pensar únicamente en un futuro positivo donde no se realizan acciones para llegar a ello, más bien su utilidad consta de valorar los obstáculos para poder derribarlos. Un complemento que puede ser útil para este tipo de estrategias es la práctica del Mindfulness, dado que mejora la conciencia sobre a los patrones de pensamiento que perjudican el cumplimiento de metas. El beneficio del autocontrol y la autorregulación en la autodisciplina es evidente al considerar que se define como la capacidad para trabajar de forma comprometida y eficaz en el desarrollo de objetivos y metas a largo plazo. Este constructo no está limitado al control de conductas contraproducentes, es más, abarca la planificación en torno a un objetivo/meta para luego ser monitoreado.  Tanto el autocontrol como la disciplina pueden verse afectados por ideas preconcebidas respecto a nuestras capacidades para lograr objetivos. Estas ideas son: Filtro mental: se destaca por la capacidad para encontrar un defecto y amplificarlo hasta que opaca todo lo demás.  Negativismo: tiene que ver con la actitud que se tiene ante la meta, por ende, mientras más se preste atención a las experiencias negativas, es más probable pensar en el fracaso y actuar en consecuencia. Como distorsión del pensamiento, la anticipación negativa transforma estas posibilidades para que ocurran en la realidad, precisamente por la creencia de que las cosas no saldrán bien. Derrotismo: hace alusión a la distorsión del pensamiento catalogada como “etiquetación”, donde se hacen evaluaciones a nivel global sobre aspectos “negativos”, lo que tiene por consecuencia el convencerse a sí mismo de que dicho aspecto significa que se carece de la capacidad necesaria para lograr la meta o el objetivo. Evasión: consiste en el reconocimiento de patrones y actitudes que no permite que se pueda continuar avanzando en el camino hacia la o las metas. Este tipo de actitudes se asocia a la ansiedad que provoca tener que afrontar una experiencia no muy agradable. Postergación: este fenómeno surge a raíz de las barreras que se imponen para llegar a una meta, donde existe la creencia de que debe haber un requisito previo antes de iniciar las actividades asociadas al objetivo definido. La técnica de la autoconversación viene siendo de gran ayuda para que este tipo de patrones de pensamiento y conductas que no permiten un buen desarrollo de la disciplina personal. En este aspecto, la autoconversación consiste en declarar a la mente lo que se desea hacer, tal como si se estuviera haciendo en ese momento. Para que esto sea efectivo, la autoconversación debe estar orientada a la especificidad, la positividad y el tiempo presente. En suma, corresponde a someterse a instrucciones personales que hagan alusión a la actividad deseada. ¡Puedes acceder a la app de Saluta si quieres incorporar esta técnica! También se abordarán otros ejercicios que puedan ser de utilidad. Autor(a): Psic. Nicole Moreno – Saluta Centro de Salud Digital Referencias Bryant, T. (2011). Self-discipline in 10 days: how to go from thinking to doing. HUB Publishing del Valle, M., Galli, J. I., Urquijo, S., y Canet Juric, L. (2019). Adaptación al español de la Escala de Autocontrol y de la Escala de Autocontrol-Abreviada y evidencias de validez en población universitaria. Revista Argentina de Ciencias del Comportamiento, 11(2), 52-64.http://www.scielo.org.ar/pdf/radcc/v11n2/1852-4206-radcc-11-02-00064.pdf González-Larrea, B. (2021). Autocontrol y su relación con el aprendizaje. https://neuro-class.com/autocontrol-emociones-aprendizaje/

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Comunicación Asertiva

La asertividad es concebida como una forma de aceptar y valorarse a sí mismo, donde la comunicación se caracteriza por tener una postura propia, donde existen opiniones personales que se defienden, sin desmerecer las opiniones del contexto ajeno. La expresión de necesidades de manera clara y directa en el momento adecuado es algo que determina la comunicación asertiva. Es considerada como un modelo exitoso en la comunicación humana, demostrando poseer habilidades complejas como la empatía, la aceptación incondicional y la autenticidad, bajo el manto de la autoestima, el respeto hacia las demás personas y la confianza en sí mismo. Por su lado, la empatía, al formar parte de la comunicación asertiva, se destaca por su función inhibidora en lo que respecta a la agresividad. Esto es producto de la capacidad para ponerse en el lugar de otra persona y comprender los sentimientos, emociones y reacciones que tiene en momentos específicos, siendo eficaz para dar comprensión a las necesidades de los otros. Existen diferentes estilos de comunicación, los cuales son: pasivo, agresivo y asertivo, siendo este último el que se sitúa en medio de los otros dos extremos. En tanto, el estilo agresivo está asociado al desprecio y dominio hacia otras personas a través de palabras de contenido amenazante y la expresión agresiva e intimidatoria. En cuanto a la comunicación pasiva, esta tiene que ver con personas que acceden a las demandas de otras personas sin anteponer las demandas propias, además de poseer un escaso humor, volumen de voz bajo y postura distraída. Es común que un individuo que utilice el estilo de comunicación pasivo no sea capaz de defender sus propios derechos, a diferencia del estilo agresivo y el estilo asertivo. Respecto a la comunicación agresiva, esta trae consecuencias negativas en situaciones problemáticas, puesto que al igual que la asertividad, es una conducta que intenta solucionar conflictos, solo que en este caso, la expresión verbal y no verbal representa inconformidad y falta de autocontrol, además de irritabilidad. Algo similar ocurre con la pasividad, sin embargo, lo que la diferencia de la agresividad son los impulsos reprimidos y la culpabilidad al no poder expresar la inconformidad. Existen varias razones por las cuales una persona con este estilo de comunicación no dice lo que piensa y siente. Una de estas es la creencia de que se puede herir los sentimientos de otras personas, también lo es el miedo a que otras personas se enfaden y tengan por resultado el abandono. Los aspectos que favorecen la comunicación asertiva tienen que ver con la honestidad, el propósito al momento de comunicar una idea y el principio de no dañar a  otro en este contexto. De la misma manera, la escucha activa es imprescindible en el diálogo, dado que, para ponerse en el lugar de la otra persona, primero hay que prestar atención y tener cierto grado de interés en este intercambio comunicativo, como una muestra mínima de empatía. Comprender lo que alguien desea decirnos es el primer paso de la asertividad. La expresión de la opinión personal en conjunto con nuestros sentimientos facilita la escucha activa en el intercambio comunicativo. De la misma manera, expresar los deseos propios también facilita la comunicación, teniendo en cuenta que es más sencillo indicar de forma clara los resultados que se desean. Los beneficios que presenta la comunicación asertiva son: Relaciones interpersonales satisfactorias. Reduce los conflictos que se producen en la convivencia con otras personas. Es favorable para la mantención de emociones positivas. Sensación de bienestar y satisfacción. Parte del proceso de la comunicación asertiva también tiene que ver con las sensaciones fisiológicas provocadas por emociones como la ira, puesto que se genera tensión. Sin embargo, una forma de atenuar el malestar generado por dicha emoción trata del uso de la respiración diafragmática para generar una distracción de los pensamientos rumiantes. Es bueno tener en cuenta que cada emoción displacentera que se experimenta, por mucho malestar que nos genera, son igual de valiosas que otras emociones. Entender este proceso como algo válido y natural favorece la comunicación de emociones. Somos sujetos de cambio que están en constante evolución, por ende, siempre se puede aprender de los errores y modificar nuestra manera de comunicarnos, si es que nuestro estilo tiende a ser agresivo o pasivo. Autor(a): Psic. Nicole Moreno – Saluta Centro de Salud Digital Referencias Corrales Pérez, A., Quijano León, N. K., y Góngora Coronado, E. A.  (2017). EMPATÍA, COMUNICACIÓN ASERTIVA Y SEGUIMIENTO DE NORMAS. UN PROGRAMA PARA DESARROLLAR HABILIDADES PARA LA VIDA. Enseñanza e Investigación en Psicología, 22(1), 58-65. https://www.redalyc.org/pdf/292/29251161005.pdf Maldonado Silva, H. I. (2019). Estrategias terapéuticas para el manejo de la ira. Miranda, G. C., y Vega, G. C. (2021). La comunicación asertiva. Una mirada desde la psicología de la educación: comunicación asertiva desde la psicología de la educación. Didasc@ lia: didáctica y educación ISSN 2224-2643, 12(3), 131-151.